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Luchas de poder: cómo saqué del bucle a mi hija de 2 años en menos de 10 segundos.

Cuando la hora de comer se convierte en una lucha, hay que tirar de paciencia e ingenio.

Hace 3 semanas Mochi cumplió 2 años. Un par de semanas antes de cumplirlos ya empezó a hacernos saber que íbamos a pasar a otra fase. La de los berrinches, pataletas, el yo yo yo solita y las luchas de poder.

Hoy le ha dado por decir que no se ponía el babero para comer.

Hoy que para colmo le he puesto un vestido de guapa.

Pues que no y que no y que no. Ni el del bolsillo, ni el del osito, ni el de perico el de los palotes. Por sus naricitas que no quería babero.

Pues para cabezona su madre.

Sin babero no comes.

No se si estará bien hecho o no, pero siento que ya es hora de empezar a marcar límites si queremos que realmente esta etapa pase sin muchos problemas. Pienso que si cedo, habré perdido una batalla y ella se hará fuerte para seguir tensando la cuerda. Es aprendizaje para ella, no lo veo como un complot maligno sino como parte de su desarrollo. Y hay que saber manejarlo. Tanto ella como nosotros.

Así que ahí estábamos.

Ella con hambre que se la iban los ojos a la pasta de animalitos y a la lubina que nos estábamos comiendo, pero en sus trece.

Yo manteniendo mi decisión y alejando la comida de su alcance.

«Quiero pejcaitoo»

«Venga cariño ponte el babero y te lo comes»

«¡¡NNNNNO!!»

«Pues no hay pescadito»

(Cara de morros, enfado y llanto)

Así unos 10 minutos. No tenía ni idea de cómo íbamos a salir de ese bucle. Si hubiese sido por ejemplo por comprarle alguna cosa me hubiese mantenido en mi posición de «no te lo compro», acompañando su enfado hasta que gestionase la frustración por sí misma. Pero la pobre quería comer y yo quería que comiera y que se bajase de la burra con su empeño en no ponerse el babero.

No te imaginas lo fácil que fue cuando cambié el chip.

«Quiero pejcaitooo» (llorando)

En un segundo lo vi claro y con todo el cariño del mundo la dije:

«¿Te doy un trocito de pescado y te pones el babero mi vida?»

«Sí, mami» me dijo tranquila.

Qué gloriosa sensación conseguir que tu hija de 2 años salga de una pataleta con sólo cambiar el chip.

Bajó el enfado, el llanto y la cabezonería en un segundo.

La puse el babero y se zampó media lubina ella solita con su tenedor. Bueno a veces tenedor a veces su mano, pero terminamos la comida todos felices y disfrutando de sus gestos al saborear la comida.

Me encantó la sensación. Sin gritar, sin chantajes feos, sin obligarla a nada, solo tomando una decisión consistente y encontrando las palabras adecuadas.

La negación es una etapa por la que todos pasan, y con la comida surgen muchas situaciones parecidas a esta. Si nos dejamos llevar podemos caer en un bucle muy complicado de gestionar, que acabará con toda probabilidad en llantos, frustración, pérdida de paciencia, gritos… A todo menos a que nuestro retoño entre por el aro. Si no entendemos bien por qué nuestros peques tienen esas reacciones, lo llevaremos muy muy mal y crearemos precedentes para situaciones y comportamientos peores.

No quiero perder la paciencia, no quiero gritar, no quiero frustración para ella ni para mi. Quiero seguir disfrutando de estos años tan bonitos.

Durante el embarazo leí el libro de Álvaro Bilbao, el cerebro del niño explicado a los padres, y creo que es hora de retomarlo y leerlo de nuevo, porque recuerdo muchos consejos de este tipo y muchas fórmulas para entender cómo funciona el cerebro de nuestros peques y lidiar con este tipo de reacciones.

Seguro que vi tan lejos los dos años que no le presté atención y hoy me parecerá que lo leo por primera vez. ¿No os ha pasado? ¡A mi muchas veces! Así que voy a echar mano al Kindle porque si he sabido cambiar el chip de esta forma hoy es porque algo quedó de aquella lectura. Seguro que si lo vuelvo a leer ahora consciente de la etapa que nos toca, lo sacaré mucho más provecho.

¿Cómo lo llevas tú? Has entrado ya en esa etapa de berrinches y pataletas?

¡Te leo!

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